Decálogo



DECÁLOGO HOMBRE-PERRO

Yo, el perro, tu fiel amigo, te ruego que leas y observes este decálogo, y serás justo para conmigo, Gracias.
- Dame, sobre todo, tu cariño; lo que necesito más que cualquier otra cosa; los perros somos muy sentimentales.
- Proporcióname buena alimentación: basta un plato abundante una vez por día, cuando soy perro adulto; me gustan las verduras y las frutas (aunque no lo creas); y, por supuesto, nunca debe faltarme el agua.
- Permíteme hacer ejercicio: necesito correr porque, como tú sabes, desciendo del lobo; por eso tenme un patio amplio o llévame a donde pueda jugar sin peligro.
- Arréglame un lugar abrigado para dormir: me gusta tener mi casa donde pueda protegerme cuando llueve o hace frío.
- No me dejes nunca en la calle: no quiero morir en la perrera municipal ni bajo las ruedas de un auto; cierra tu propiedad con una buena reja y no dejes abierta la puerta (acuérdate que también hay ladrones).
- Cuida mi salud: llévame al veterinario cuando me notes dolorido, resfriado o triste; vacúname contra la rabia, el moquillo, el parvovirus, desparasítame y cepíllame en vez de bañarme o, si me bañas, sécame bien, pues la humedad me perjudica.
- No me tengas atado: si tienes que hacerlo, suéltame con frecuencia; si no puedes soltarme, colócame una "cadena corredera" sobre un alambre grueso y largo, tendido entre dos árboles o postes. Si podes hacerme un canil.
- Enséñame a obedecerte y ayudarte: me gusta aprender y demostrarte mí inteligencia; pero hazlo con paciencia y cariño, nunca con golpes o a gritos.
- Trátame con justicia: no descargues en mi tu mal genio ni me hagas pagar culpas ajenas; trata de comprenderme, aunque a veces te cueste: no quiero que olvides que tú eres el ser "racional"...
- No me abandones jamás: sé tan leal conmigo como yo lo soy contigo.
DECÁLOGO DEL PERRO AL SER HUMANO

- Mi vida dura unos 10 o 15 años. Cada separación de ti es para mí un sufrimiento. Piénsalo bien antes de adquirirme.
- Dame tiempo para comprender lo que quieres de mí.
- Infúndeme confianza, pues vivo de ella.
- No te enfades demasiado conmigo y no me encierres como castigo. Tú tienes tu trabajo, tus diversiones y tus amigos; yo... sólo te tengo a ti.
- Habla conmigo de vez en cuando.
- Aprende a tratarme como es debido. Yo nunca olvido.
- Antes de pegarme, piensa que mis mandíbulas podrían destrozar fácilmente los huesecillos de tu mano, y, sin embargo, no hago uso de ellas.
- Antes de que me taches de inútil, testarudo o perezoso, cuando me pides que haga algo y no lo hago, piensa que ha podido sentarme mal la comida, que he estado demasiado tiempo al sol o que mi corazón puede estar cansado.
- Ocúpate de mí cuando llegue a viejo: tú también lo serás algún día.
- Quiero que estés a mi lado cuando llegue ese difícil trance. No digas nunca "no puedo resistirlo" o "que no ocurra cuando yo me halle presente"; Todo me resultará más fácil si estás a mi lado.